El gobierno de España comienza a apestar a cárcel

Se queja el gobierno de que los españoles indignados protesten por sus meteduras de pata, sin darse cuenta de que hace poco más de un siglo los hubieran colgado

Estamos en el día 41 desde la fecha en que el Gobierno presuntamente criminal de España declaró el Estado de Alarma y todos los días centenares de personas mueren en los hospitales españoles por falta de medios.

Uno de los sectores más afectados son los médicos y enfermeros a los que se les prometió mascarillas de seguridad y aún no las tienen (las tendrán probablemente a los 50 días de la tragedia) debido a que el gabinete de dos cabezas de pollo locas ha sido engañado como un chino por los chinos y las protecciones eran defectuosas.

La consecuencia ha sido trágica. El 20 por ciento del colectivo de 320.000 médicos y enfermeras, Las personas encargadas de administrar la salud, han sido infectadas.

Lo que ha dado lugar a la primera gran querella contra este proyecto de ejecutivo por parte de los sindicatos de médicos y sanitarios por negligencia criminal, prevaricación, falta de capacitación para el ejercicio de sus funciones y otras menudencias.

Así que en unos meses veremos sin duda al “menestro” catalán y filosofo aficionado Salvador IcetIlla sentado en el banquillo de los acusados, quien en un estado de derecho serio debería ser ingresado en prisión provisional nada más se admita a trámite la querella en el Tribunal Supremo si se demostrara que, además, ha dilapidado el dinero de los españoles en tiempos de penuria en los que el dinero es un bien escaso.

La querella se dirige también contra el tipo que cuenta los muertos, ese gran “científico” del negacionismo y de la indecencia política, al que llaman Ferdinand Simón, un tipo que ha hecho de la mentira profesión y que es responsable de haber engañado a gran parte de la ciudadanía enganchada a la caja tonta.

Es probable que el escrito de denuncia ase haga extensivo al marido de la covid-ministra y al presidente del Gobierno, un tipo que destrozó el Partido Socialista para ponerlo a su servicio y ahora pretenda hacer lo mismo con España para entregársela a la banda de comunistas, antisistemas y negacionistas de la realidad de la nación.

MALDAD SIN LÍMITES.- Lo tengo que decir muy alto y muy claro para que se sepa. El Gobierno que nos ha tocado en desgracia en esta desgraciada primavera de 2020 no sólo es el peor de la historia de España sino el que más irregularidades y delitos se dedica a perpetrar en los últimos 50 años.

Por qué digo esto, que puede ser querellable, se preguntarán muchos de ustedes. Pues lo digo y lo sostengo porque el mes pasado desde una web de los servicios de información del Gobierno, unos individuos siniestros, entraron en mi ordenador para descargarse los textos de dos artículos que horas más tarde colgaba en las redes sociales.

Uno de ellos hacía referencia a la foto de la vergüenza, de la ignominia, en referencia a la imagen del ganado ovino del PSOE, Podemos y del Gobierno y de sus recuas afines manifestándose por Madrid en 8 de Marzo.

La otra, hablaba de la necesidad que tenemos los españoles de acabar con la pandemia de políticos inútiles que, junto con el coronavirus, constituyen la gran desdicha, la desventura y la desesperanza de nuestro tiempo.

Todo ello no es un asunto menor ya que son conocidos los intentos del Gabinete que según varios comentaristas, apesta a carne de prisión, por implantar la censura previa en España y perseguir cualquier información que “contradizca” los criterios oficiales, calificando las casi unánimes protestas y quejas de los españoles de bulos y de patrañas.

De los intentos del Gabinete de prohibir la difusión libre de informaciones e ideas teníamos hasta ahora las “declaraciones” del marido de la covid-ministra comunista. Sin embargo, las declaraciones del jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, general José Manuel Santiago, un tipo que declaró en público que una de las misiones de la Benemérita era “minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno”, confirmaron que desde el 14 de marzo los españoles somos víctimas de dos virus, el chino y el del nefasto gobierno, obsesionado en arrancarnos por la fuerza nuestros derechos y libertades para convertir la nación (salvo País Vasco y Cataluña) en una tiranía, en un país de esclavos al servicio de la única ideología que solo ha traído miseria y desgracias a la humanidad, sin excepción alguna. La maldad, sin límites.

Cualquier observador neutral se daría cuenta de que lo que el infecto gobierno llama “bulos”, “fake news” y “mentiras” no son en esencia otra cosa que las chirigotas, chanzas y el justo escarnio que los españoles realizan al saber que el gobiernillo de La Moncloa ha sido engañado como un chino por los chinos, que además de los tests les han vendido mascarillas inútiles y que cuando no meten la pata meten la mano.

Reírse del ejecutivo cuando yerra, tomarse a coña gran parte de sus decisiones, en un periodo en el que sus decisiones erróneas provocan decenas de muertos, no sólo no es ningún delito ni infracción que deba ser combatido por las Fuerzas de Orden Público. Por el contrario, constituye una válvula de escape a las tensiones y a los desastres que provoca el ejecutivo, que en otra época se saldaban con el descuartizamiento, la guillotina o la horca, y que en los tiempos actuales se saldan con un sano ejercicio de la libertad de expresión consagrado por la Constitución española en su artículo 20. Deberían por tanto los miembros del infausto Gobierno de estar agradecidos por haber nacido en esta época en que los errores criminales tienen la respuesta de los tribunales y de la cárcel pero de los que no hay que responder con la vida.

Podría entenderse que como consecuencia de esta justa y a veces acerada crítica el Gobierno se enfurruñara en si mismo, maldijera para sus adentros, e incluso increpara a quienes sacan punta de sus tremendos y garrafales errores nunca vistos hasta ahora en la historia de España (que, por cierto, están poniendo en juego la vida de muchas personas)

Aunque ya se sabe que los políticos cobran para que se les aplauda cuando aciertan y se les vilipendie cuando meten la pata, y la mayoría de ellos saben que todo eso va en su sueldo. No es de recibo, por tanto, que cuando las críticas se ceban por millones sobre ellos, porque sus errores afectan a millones de ciudadanos, traten de sacar los pies del tiesto y utilizar a las instituciones que controlan (policía, Guardia Civil, servicios de inteligencia, etc.) para coartar o impedir el ejercicio de las libertades ciudadanas que consagra la Constitución. Principios y libertades básicas que deberían ser amparadas y defendidas en primer lugar y antes que nada por las instituciones públicas, incluido este maldito Gobierno bicéfalo, enloquecido e instalado en el disparate y el error permanente.

EL ESTADO DE ALARMA NO RECORTA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.- Argüir como dicen muchos miembros del Gobierno que el recorte de libertades (en especial la libertad de expresión consagrada en el artículo 20 de la Constitución española) es esencial para garantizar el combate del Estado a la pandemia del coronavirus no es un argumento de recibo.

Entre otras cosas, porque desde el 14 de marzo de 2020 Pedro Sánchez y su gabinete dispone de los mayores poderes extraordinarios que ningún otro gobernante ha disfrutado en la historia de la democracia al haber decretado el Estado de Alarma que consagra nuestra Carta Magna de 1968 en su artículo 116 y siguientes y desarrolla la Ley Orgánica 4/1981, de uno de junio, sobre los estados de alarma, excepción y de sitio.

Fue esta una Ley que vi cómo se negociaba en el Congreso de los Diputados días después de que el teniente coronel Antonio Tejero Molina asaltara la Cámara amparado en lo que el llamaba un estado de necesidad de la sociedad española ya que ETA asesinaba por aquellas fechas a decenas e incluso centenares de españoles en el País Vasco, Madrid y alguna vez en Barcelona y Sevilla.

A raíz de aquel desagradable incidente y con el fin de regular y dejar bien claro que las situaciones excepcionales no era una cuestión que quedaba al arbitrio de lo que pensara algún iluminado, socialistas, nacionalistas vascos y catalanes y los restos de la UCD de Adolfo Suárez se reunieron con el presidente Leopoldo Calvo Sotelo y se decidió “reglamentar” en una Ley Orgánica a quien competía declarar los estados de alarma, excepción y sitio, decisión que sólo incumbía al Gobierno, tras la previa discusión y aprobación en Consejo de Ministros, el alcance territorial de la ley, su duración, y cuáles eran las “alteraciones graves de la normalidad” que podían originar esta situación anómala.

La Ley dejaba meridianamente claro desde su artículo uno que las medidas a adoptar eran sólo aquellas que fueran “estrictamente indispensables” para restablecer la normalidad. Y que quienes sufrieran daños o perjuicios en sus personas, derechos o bienes por actos que no les fueran imputables, tendrían derecho a ser indemnizados de acuerdo con las leyes”.

Con lo cual quedaba claramente acotado que el Estado de Alarma no podría ser empleado para instalar un estado policial camuflado ni una dictadura del proletariado. Entre otras cosas porque el Estado de Alarma no “interrumpe el normal funcionamiento de los poderes constitucionales del Estado” ni de la Constitución salvo en lo referente a la libertad de movimientos, requisa temporal de bienes, intervención de industrias, abastecimiento de mercados y uso de productos de primera necesidad para garantizar la supervivencia de la sociedad.

En cuanto a la “libertad de movimientos” la Ley no faculta al Gobierno para prohibirlos sino para “limitar la circulación” de personas y vehículos.

Por lo tanto, la prohibición del Gobierno y sus terminales policiales a las personas a salir a pasear, a tomar el aire, montar el bicicleta, hacer deporte o tumbarse a la bartola sobre el césped es un exceso innecesario realizado por la banda de desalmados y de tipos inútiles que domina la nación y maltrata a sus ciudadanos. ¿O es que el gran experto del Gobierno, el tal Ferdinand Simón, descubrió el 14 de marzo que el virus volaba y no lo contó para no alarmar?

Una actitud de este tipo sólo resulta explicable teniendo en cuenta la negligencia y la desidia de este gobierno de haraganes en los primeros días de la pandemia en que desde todos los medios públicos se incitó a salir a la calle porque lo que se avecinaba era “una gripecilla de nada” “que apenas produce unas décimas de fiebre” y que puede combatirse con “dos aspirinas” y para la que no hay que guardar reposo ni medidas de aislamiento ya que “el virus apenas se contagia”.

Fue el menosprecio oficial y la vagancia y holgazanería de los científicos acientíficos y negacionistas que le asesoraban, lo que llevó a que España se convirtiera de la noche a la mañana en un inmenso cementerio y que las pistas de patinar se transformaran en grandes morgues debido a la ineficacia e incapacidad de Pedro Sánchez y los secuaces comunistas que pretextan apoyarle para convertir la nación en un apéndice de Cuba, Venezuela o Argentina.

Es decir, de lo que muchas personas consideran lo peor de lo peor de la nación española.

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